Tempos de incerteza
2015-08-31
Situação no Planalto deve piorar antes de começar a melhorar
2015-09-02

Un peligroso vacío de poder sin final a la vista

Ámbito Financiero (Argentina) – 01/09/2015

Brasil vive una convergencia de crisis que pone al país en un momento sin precedentes desde la redemocratización en 1985. Acostumbrados a los problemas desde siempre, los brasileños observan hoy una multiplicidad de obstáculos que hacen muy difícil la comprensión de lo que está ocurriendo.

En el terreno económico, una secuencia de comportamientos irresponsables y, en cierta medida, amateurs, practicados por el equipo económico de Dilma Rousseff (y por la propia presidenta) a lo largo de su primer mandato llevó a Brasil a cometer el error de “gastar más de lo que se recauda”. Es importante enfatizar que la responsabilidad fiscal en Brasil no es sólo una ley sino una gran conquista de la sociedad, destinada a evitar que un Gobierno haga con las cuentas públicas lo que se hizo en el primer mandato de Dilma.

El desajuste fiscal en el que vivimos hoy es resultado de una maniobra llamada popularmente “pedaleo fiscal”. Esto consistió en retardar la transferencia de fondos a los bancos públicos para retenerlos en la caja del Tesoro, permitiendo al Gobierno gastar más de lo que recaudaba.

Ese hábito llevó a un desarreglo fiscal que comenzó a sentirse recién a fines de 2014 y comienzos de 2015, obligando al Gobierno de Dilma a tomar una actitud inesperada: la invitación a Joaquim Levy, economista liberal, para comandar el Ministerio de Hacienda. Aunque éste no haya sido la primera opción de Dilma y de Luiz Inácio Lula da Silva y represente lo opuesto a la orientación dominante, su nombre representó un cambio. En lugar de gastos desordenados, Levy presentaría un plan de austeridad que obligaría a Brasil a ajustarse fiscalmente en un plazo breve. En el programa de Levy, el aumento de impuestos, los cambios en las reglas laborales y mejoras en el proceso de recaudación entrarían en vigor no bien el Congreso los aprobara.

En momentos en que la popularidad de la presidenta está en un 7% -con la posibilidad de que caiga aún más- y con el escándalo de corrupción en Petrobras avanzando sobre nombres poderosos de la base aliada (PT y PMDB, principalmente), lograr el apoyo del Congreso a medidas tan impopulares pasó a ser una tarea complicadísima.

Por eso, el ministro buscó el apoyo del vicepresidente Michel Temer. Posiblemente el político con más conexiones entre la elite, Temer pasó a ser el articulador político de la delicada relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. Aun sufriendo derrotas por cuenta de fuego amigo y no por acción de la oposición, Temer pudo apaciguar algunos ánimos en su partido, el PMDB, y hacer aprobar medidas fiscales en Diputados.

Entre julio y agosto, el receso legislativo permitió un reagrupamiento de las fuerzas políticas. En tanto, las investigaciones sobre Petrobras continuaron a todo vapor, poniendo al PT, al Gobierno y a muchos políticos de la base aliada en el centro de la atención. Entre los blancos de Ministerio Público surgieron los nombres del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del titular del Senado, Renan Calheiros, ambos del PMDB, lo que desestabilizó aún más la delicada relación con el PT.

El resultado fue la denuncia del procurador general contra Cunha ante el Supremo Tribunal Federal y la ruptura por parte de Cunha, que declaró su paso a la oposición, formalizando lo que ya hacía en la práctica. Calheiros inició un movimiento similar, pero dio marcha atrás, acercándose a Michel Temer.

A mitad del camino de la ejecución del ajuste fiscal, Dilma resolvió reducir la meta de 1,2% a 0,15%, eliminando una fuente de tensión. Más tarde, Temer se rindió al sabotaje palaciego y abandonó la coordinación política,acentuando el vacío de poder.

La operación “Lava Jato”, que investiga la corrupción en Petrobras y sus ramificaciones, sigue avanzando y aún puede durar bastante tiempo. Se trata del primer gran caso de corrupción en Brasil develado enteramente por instituciones públicas (el Ministerio Público y la Policía Federal). Esto demuestra una maduración institucional relevante.

Esas revelaciones, así como el mal desempeño de la economía, son los principales motivos de la caída libre de la popularidad de Dilma Rousseff.

Sacudido por una crisis económica originada en la falta de responsabilidad fiscal y despreciado por aliados que no tienen interés en apoyar a un Gobierno con una popularidad del 7%, el Palacio del Planalto se sorprende todas las semanas con hallazgos chocantes de hechos de corrupción. Alcanzada por el mayor esquema de corrupción de la historia de Brasil, que tiene a su partido en el centro de las investigaciones, y sin el menor control del Congreso, Dilma Rousseff vive un infierno astral que parece no tener fin.